En más de una ocasión habrán tratado de convencerle de las ventajas de invertir en bolsa. Para ello habrán recurrido a argumentos que, en muchos casos, prefieren obviar algunos aspectos tan importantes como el riesgo que entraña cualquier tipo de inversión financiera.

En este artículo despejaremos muchas de sus dudas al respecto de un producto en concreto: los bonos. El objetivo en este caso no es el de convencerle de que ciertamente la inversión en bonos puede reportarle considerables beneficios económicos asumiendo menos riesgos que con otras operaciones bursátiles. Sin embargo, esta información le permitirá tener una perspectiva más amplia acerca de qué son y como funcionan los bonos, porque es imprescindible estar bien informado para tomar las decisiones adecuadas.

Qué son los bonos y cómo funcionan

Lo que en términos económicos se conoce como bono no es más que una promesa de pago con la que un gobierno o una empresa consigue la financiación que necesita. En otras palabras, es una parte de la deuda que una entidad -pública o privada- vende a un inversionista con la garantía -más o menos segura en función del tipo de bono- de que dicha cantidad será retornada con unos intereses que pueden ser fijos o variables.

En relación a esta breve explicación de que es un bono, podemos establecer una relación de aquellos aspectos que lo definen:

1. Monto: la cantidad de dinero invertida.

2. Plazos: durante la vida útil del bono, que va desde su compra hasta su maduración, se pueden acordar plazos para establecer el aumento o la disminución de los beneficios que este va generando y cómo se efectuará el abono de los intereses.

3. Moneda: la divisa en la que se efectúa la transacción.

4. Maduración o vencimiento: el tiempo que la inversión estará en manos de la entidad deudora. Una vez cumplido este período, el capital principal -esto es, la inversión inicial- será devuelto al inversionista con los intereses que de este se hayan derivado. En base a la amplitud que alcancen estos períodos se pueden diferenciar varios tipos de bono:

Corto plazo: plazo de maduración de hasta cinco años.
Medio plazo: plazo de maduración de entre diez y doce años.
Largo plazo: plazo de maduración a partir de los doce años.

5. Tasa de interés: es en cierto modo el corazón de la inversión en bonos, pues se refiere a todas aquellas variables que de manera más directa influirán en la rentabilidad final de la inversión. Las tasas de interés pueden ser de dos tipos:

Interés fijo (tipo fijo): el deudor asume con el inversionista un determinado tipo de interés con independencia de otros factores externos a la operación.
Interés variable (tipo variable): las tasas de interés se van actualizando en función de índices externos que se toman como referencia.

6. Tasas tributarias: muchos tipos de bonos están libres de impuestos, pero algunos exigen el pago de un gravamen. Esta cantidad debe ser valorada a la hora de realizar una estimación firme de cuál es la rentabilidad real del producto adquirido.

¿Cómo funcionan los bonos?

Ahora que tenemos algunas nociones básicas acerca de que es un bono y cuáles son los elementos que lo definen, nos interesa conocer de qué manera operan estos productos financieros para que el inversionista obtenga beneficios con su compra.

Normalmente los bonos se adquieren mediante dos modalidades:

1. Compra de bonos individuales.
2. Fondos de inversiones.

Bonos individuales

Lo más seguro es recibir el asesoramiento de un profesional que le informará de que son los bonos, así como de los precios y condiciones de los bonos existentes en el mercado primario. Sin embargo, determinadas transacciones menos complejas como la compra de bonos del Estado de México se pueden realizar directamente a través del portal web de la institución y sin necesidad de grandes conocimientos sobre como funcionan los bonos. Únicamente se establece un monto, se comprueban cuáles son las condiciones de maduración y el abono de intereses, se realiza el pago y se espera a recibir el cupón correspondiente una vez vencida la vida útil del bono.

Fondos de inversiones

Los fondos de inversiones amplían generosamente el panorama anteriormente citado y permiten realizar operaciones más complejas en las que no suele existir una fecha de maduración predefinida y el valor del producto fluctúa diariamente en función de las condiciones del mercado. En cierto modo, se trata de una operación más ambiciosa por parte del inversionista, pero el margen de beneficios es también más amplio.

En resumen, los bonos pueden funcionar en dos escenarios bien diferenciados: en uno de ellos las condiciones están predefinidas desde el comienzo mientras que en el otro existen variaciones que irán modificando su valor final.
Por este motivo y, como veremos más adelante, al inversionista le resultará muy útil diseñar una estrategia en la compra de diferentes tipos de bonos, diversificando su portfolio para incrementar los beneficios de sus operaciones.

Bonos del Estado y Bonos de Empresas

Como herramienta de financiación, los bonos son emitidos indistintamente por entidades públicas y privadas. En el caso de los Bonos del Estado, las condiciones de compra suelen ser más sencillas, los precios más accesibles y la inversión en su conjunto más segura, aunque menos rentable para el inversionista. El Gobierno de México emite en la actualidad varios tipos de bono entre los que destacan los CETES, Bondes y Udibonos.

Los bonos u obligaciones emitidos por entidades privadas son también un tipo de emisión de deuda con el que las empresas obtienen financiación. El precio está más estrechamente ligado a la relación oferta / demanda existente en el mercado, las garantías de devolución que definan a la entidad emisora y las condiciones de devolución del crédito y sus intereses. Por lo general, los plazos de vencimiento son inferiores y las tasas de interés más altas, por lo que muchos inversionistas que necesitan recuperar más rápido su inversión se decantan por estos bonos a pesar de que pueden resultar más riesgosos.

Cuáles son los bonos más seguros y rentables

El precio de un bono está en función de tres aspectos básicos:

1. La tasa de interés acordada.
2. La relación de oferta / demanda.
3. La calidad del crédito.

Este último aspecto es el que más suele llamar la atención a la hora de adquirir bonos y, aunque no es determinante, es cierto que aporta al inversionista una valiosa información acerca de las garantías que le ofrece su operación.

La calidad de un crédito es la calidad de su emisor o, dicho en otras palabras, la seguridad que se tiene de que el emisor de bonos vaya a cumplir con su compromiso de devolver al inversionista su capital y sus cupones (intereses derivados). La calidad del crédito es el grado de calificación de la propia inversión y avanza desde la AAA (el nivel de mayores garantías) hasta la BBB y decreciendo sucesivamente en grupos de tres letras.
En consecuencia, un bono cuyo emisor tenga una calificación BBB será más riesgoso pero podría resultar más rentable que uno AAA porque las tasas de interés son inversamente proporcionales al grado de calificación. Tiene su lógica: si el inversionista está decidido a asumir más riesgos es porque también quiere obtener mayores beneficios.

Por otro lado y haciendo un ejercicio de simplificación, se podría decir que los bonos del Estado son inversiones más conservadoras y menos riesgosas que la compra de bonos a una empresa privada.

Invertir en bonos también tiene sus riesgos

En los apartados anteriores hemos descrito con bastante detalle que son los bonos y cómo funcionan en el complejo entramado del mercado financiero. Estos conocimientos básicos le permitirán, como futuro inversionista, hacerse una idea de qué tipo de producto se adapta mejor a sus necesidades y, por lo tanto, le resulta más atractivo. Ahora bien, no debe pasar por alto que la adquisición de bonos no deja de ser una inversión financiera y que, por lo tanto, está sometida a unas reglas del juego que pueden sufrir modificaciones y truncar sus expectativas.

El buen inversor es el inversor realista

No pretenda obtener más de lo que el mercado puede ofrecerle. Tanto si invierte en bonos estatales como en bonos de empresas privadas, debe conocer de antemano los detalles del escenario financiero en el que se desarrolla la partida. El mejor inversionista es aquel que en todo momento está bien informado porque, a pesar de asumir riesgos, siempre lo hará con conocimiento y eso le permitirá llevarle cierta ventaja a los cambios que se puedan producir en el mercado.

Operaciones riesgosas que siguen siendo rentables

Dentro de las operaciones financieras y bursátiles, la adquisición de bonos en cualquiera de sus modalidades sigue siendo menos arriesgada que la compra de acciones bursátiles. Por un lado, porque el inversionista cuenta con una cantidad de información previa que difícilmente le ofrece cualquier otro producto financiero. Por otro lado, porque las leyes bursátiles no operan de igual manera en este particular sector de la economía.

Diversifica tu inversiones y crea un buen porfolio

Lo más inteligente a la hora de adquirir bonos con la determinación de obtener beneficios es la diversificación. Cuando hablamos de una cartera de inversiones heterogénea nos referimos a inversionistas que han sabido exprimir todas las posibilidades del mercado apostando por productos de diversa índole. En el caso de los bonos, la variedad es tan grande que no le resultará complicado diversificar sus operaciones.

Aspectos a tener en cuenta en la diversificación de su portfolio

A continuación, le reseñamos algunos de los productos que como inversor inteligente le interesará incluir en su cartera de inversiones:

– Bonos con diferentes plazos de maduración: le permitirá ir escalando el reembolso de intereses.
– Bonos con diferentes tipos de interés: una parte fija y otra variable para rentabilizar al máximo las fluctuaciones del mercado.
– Bonos gubernamentales y de empresas privadas: para apostar en dos escenarios que funcionan de manera totalmente diferente.
– Bonos convertibles: podrá canjearlos por acciones de nueva emisión con valores ya conocidos.
– Bonos de diferente calidad de crédito: porque es más fácil arriesgar cuando una parte de sus inversiones juega sobre seguro.

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